Una biopelícula es una comunidad de microorganismos adheridos a una superficie e inmersos en una matriz de polisacáridos, proteínas y ADN extracelular que ellos mismos producen. Se forma por etapas: adhesión reversible de células aisladas (flagelos, pili), adhesión irreversible y crecimiento en microcolonias, maduración en una película estructurada con torres y canales de agua, y dispersión de células que se alejan nadando para colonizar nuevas superficies. La matriz retiene agua y nutrientes, protege a las células de la desecación, de los consumidores, de los antibióticos y de las células inmunitarias, y crea gradientes químicos que hacen de la película un paisaje de nichos. La mayoría de las bacterias de la Tierra vive así: sobre las rocas de los arroyos, en las raíces, en los dientes (la placa dental), en catéteres e implantes, en los pulmones de los enfermos de fibrosis quística, en los cascos de los barcos y en las tuberías.
Ejemplos
Ejemplo 2.15 (Por qué una biopelícula sobrevive a los antibióticos)
Las células de una biopelícula sobreviven a concentraciones de antibiótico de cien a mil veces superiores a las que matan a la misma cepa en suspensión, sin gen de resistencia alguno. La matriz frena la difusión del fármaco y fija una parte; los gradientes dejan a las células profundas hambrientas, anóxicas y casi sin crecer, y la mayoría de los antibióticos solo matan células en crecimiento (las penicilinas necesitan la síntesis de la pared; los aminoglucósidos, el transporte activo); unas pocas células persistentes están en completa latencia y regeneran la película cuando se interrumpe el tratamiento. Por eso una infección crónica sobre un implante suele tratarse retirando el implante.