Un poliploide lleva más de dos juegos cromosómicos completos. Un autopoliploide tiene varios juegos de una misma especie (una meiosis fallida da un gameto diploide; dos de esos gametos dan un tetraploide); un alopoliploide combina los juegos de dos especies tras una hibridación. El híbrido diploide AB, sin homólogo para ningún cromosoma, no puede aparearlos en la meiosis y es estéril; si su genoma se duplica a AABB, cada cromosoma vuelve a tener pareja, la meiosis funciona y la nueva planta es fértil — pero no puede cruzarse con ninguno de sus progenitores (un descendiente AAB es estéril). La poliploidía crea así una especie nueva en un solo paso, y alrededor de un tercio de las especies de plantas con flores surgieron de esta manera: el trigo harinero es un hexaploide AABBDD de tres gramíneas, la fresa de jardín un octoploide, el algodón y el tabaco alotetraploides, y el propio linaje de los vertebrados duplicó su genoma dos veces cerca de su origen. Los poliploides suelen ser más grandes que sus antepasados diploides (más ADN, células mayores) y muy apreciados por los mejoradores.