Una roca ígnea tiene textura ofítica cuando grandes cristales de piroxeno engloban pequeños listones de plagioclasa orientados al azar; la textura es típica de la dolerita, el gabro y el basalto. Una roca metamórfica tiene textura granoblástica cuando es un agregado de cristales de forma aproximadamente equidimensional y de tamaño parecido, en muchos casos anhedrales, cuyos límites rectos se encuentran de tres en tres con ángulos cercanos a .