Una espora de musgo germina y da un filamento verde ramificado, el protonema, del que brotan yemas que dan los tallos foliosos — el gametofito, de unos pocos centímetros de altura, sin verdaderas raíces, xilema ni floema, fijado por rizoides y que absorbe agua por toda su superficie. En el extremo de los tallos lleva anteridios, que liberan anterozoides biflagelados en una película de lluvia o de rocío, y arquegonios, cada uno con una oosfera en la base de un cuello; los anterozoides nadan unos pocos centímetros como mucho, guiados por atrayentes químicos, y fecundan la oosfera allí mismo. El cigoto crece hasta formar el esporofito: un pie hundido en el gametofito, un pedicelo (seta) y una cápsula en la que la meiosis produce decenas de miles de esporas, liberadas a través de un anillo de dientes higroscópicos que se abren con el aire seco. El esporofito realiza un poco de fotosíntesis, pero el gametofito lo alimenta a través de su pie y nunca vive por sí solo.
Ejemplos
Ejemplo 5.4 (El coste de los anterozoides nadadores)
Un anterozoide de musgo nada a unos ; para alcanzar un arquegonio situado a necesita de película de agua continua — una salpicadura de lluvia, un rocío abundante. La fecundación queda por tanto restringida al tiempo húmedo y a distancias cortas, y la mayoría de los musgos, los helechos y sus parientes viven en lugares húmedos o se reproducen en la estación de lluvias; los anteridios de algunos musgos se sitúan en una copa de salpicadura cuya forma lanza las gotas de lluvia, y los anterozoides que llevan, a medio metro. Es de esta dependencia de la que escaparon las plantas con semilla.