Un elemento transponible es un segmento de ADN capaz de desplazarse a una nueva posición del genoma. Los transposones de ADN codifican una transposasa que recorta el elemento y lo pega en otro lugar (o lo copia allí); las secuencias de inserción bacterianas son los más sencillos (un gen de transposasa entre dos repeticiones invertidas), y los transposones compuestos llevan genes adicionales — a menudo resistencias a antibióticos — entre dos de ellas. Los retrotransposones se desplazan por una vía de copiar y pegar a través de un intermediario de ARN, que una transcriptasa inversa vuelve a copiar en ADN; nunca abandonan su antiguo sitio y por eso se acumulan. Un elemento que cae dentro de un gen lo interrumpe; si cae cerca, puede alterar su expresión; dos copias en un mismo cromosoma ofrecen sitios para un entrecruzamiento desigual. Los transposones y sus restos constituyen la mitad del genoma humano y el ochenta por ciento del genoma del maíz; la mayoría son hoy inmóviles.
Ejemplos
Ejemplo 3.8 (La resistencia en movimiento)
Un gen de resistencia suele surgir una sola vez, por mutación o a partir de la bacteria del suelo que fabrica el antibiótico, y después viaja: de un cromosoma a un transposón, del transposón a un plásmido conjugativo, del plásmido a otras especies por conjugación y a otras cepas por transducción, y de vuelta a un cromosoma por transformación. En Japón se encontraron en los años cincuenta, pocos años después de que los fármacos empezaran a usarse, plásmidos portadores de cinco o seis resistencias a la vez (reunidas en integrones, que capturan casetes génicos); el gen de la carbapenemasa NDM-1, detectado por primera vez en 2008, llegó a todos los continentes en tres años a bordo de un plásmido. La evolución de la resistencia no es, en su mayor parte, la evolución de genes nuevos, sino el desplazamiento de genes antiguos.