Una célula madre tiene dos propiedades que la definen: puede autorrenovarse, produciendo hijas que son células madre, y puede producir hijas que se diferencian. Puede hacer ambas cosas a la vez, por división asimétrica, una hija de cada clase, con el destino decidido por una herencia desigual de determinantes o por cuál de las hijas sigue en contacto con el nicho —el microambiente de células vecinas, matriz y señales que mantiene madre a una célula—; o puede dividirse de forma simétrica, con unas divisiones que dan dos células madre y otras que dan dos células que se diferencian, y la población mantenida constante en promedio. Las hijas que se diferencian suelen pasar por etapas de progenitor o de amplificación de tránsito, en las que se dividen varias veces más con una potencia cada vez más estrecha antes de madurar: la jerarquía amplifica unas pocas divisiones lentas de célula madre hasta una producción grande, y limita el número de divisiones que ha de hacer cada célula madre. Las células madre adultas son raras y lentas —una célula madre hematopoyética se divide quizá una vez al año, y una célula madre intestinal una vez al día— y son multipotentes, ceñidas a los linajes de su tejido; las células madre embrionarias, de la masa celular interna del blastocisto, son pluripotentes, capaces de hacer todos los tejidos del cuerpo pero no la placenta.
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Biología · পরিভাষা