Un antígeno es cualquier molécula que el sistema inmunitario adaptativo puede reconocer: normalmente una proteína o un azúcar de un microbio, una toxina, la superficie de una célula extraña — o, por error, una molécula propia del organismo. Las células que reconocen son los linfocitos, glóbulos blancos fabricados en la médula ósea y reunidos en los ganglios linfáticos, el bazo y el tejido linfoide del intestino. Cada linfocito lleva miles de copias de un receptor, y cada receptor se une a un solo antígeno. Los linfocitos B maduran en la médula y fabricarán anticuerpos; los linfocitos T maduran en el timo y actúan por contacto y mediante señales.