El suelo es la capa de materia mineral meteorizada, materia orgánica, agua, aire y organismos que cubre las tierras emergidas y sostiene a las plantas: alrededor de la mitad de su volumen son poros, llenos de agua o de aire en proporciones cambiantes, y la mitad sólida son granos minerales — arena (), limo () y arcilla (menos de ), cuyas proporciones determinan la textura —, con unos pocos por ciento de materia orgánica que rige la mayor parte de sus propiedades. Un perfil de suelo muestra horizontes: el horizonte O, de hojarasca y materia orgánica parcialmente descompuesta, en la superficie; el horizonte A, oscuro, de suelo mineral mezclado con humus, el residuo estable, oscuro y coloidal de la descomposición; el horizonte B, debajo, hacia el que son arrastrados la arcilla, el hierro y la materia disuelta y donde se acumulan; el horizonte C, de roca madre meteorizada; y el lecho rocoso. Un suelo se forma (edafogénesis) por la acción de cinco factores — material parental, clima, organismos, topografía y tiempo —, y se forma despacio: la meteorización produce del orden de de suelo al año, de modo que un metro de suelo son diez mil años de trabajo.
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