La inmunidad innata es el conjunto de defensas presentes antes de cualquier exposición, codificadas por genes de la línea germinal que no se reordenan, que reconocen rasgos conservados de los microbios y no individuos concretos, que actúan en minutos u horas y que (con matices) carecen de memoria. Su primera capa son las barreras: la queratina de la piel, el moco y los cilios de las vías respiratorias, el ácido del estómago, el arrastre de la orina y de las lágrimas, la enzima lisozima que corta el peptidoglicano, los péptidos antimicrobianos (defensinas, catelicidinas) que perforan las membranas microbianas y el microbioma comensal que ocupa los nichos (Capítulo 14). Sus células, todas del linaje mieloide salvo la última: los neutrófilos, el de los leucocitos de la sangre, de los que se fabrican al día y que viven un día, los primeros en llegar y los principales verdugos de bacterias; los macrófagos, residentes longevos de todos los tejidos (las células de Kupffer del hígado, la microglía del cerebro, los macrófagos alveolares del pulmón) que comen, limpian y dan la alarma; las células dendríticas, que muestrean los tejidos y llevan lo que encuentran a los ganglios linfáticos; los mastocitos, los basófilos y los eosinófilos, armados contra los parásitos y responsables de la alergia; y los linfocitos citolíticos naturales (NK), linfocitos que matan a primera vista a las células infectadas o transformadas.
Ejemplos
Ejemplo 15.7 (La sepsis)
Una inflamación confinada a una astilla es una cura; esas mismas reacciones por todo el cuerpo son una catástrofe. Cuando las bacterias o su lipopolisacárido llegan a la sangre en cantidad, los macrófagos de todas partes liberan TNF e interleucina-1 a la vez: todos los vasos se dilatan y dejan escapar plasma, la presión arterial se desploma, la coagulación se activa en diez mil capilares y consume los factores de coagulación, y los órganos, privados de perfusión, fallan — el choque séptico, que mata a entre una cuarta parte y la mitad de aquellos a los que golpea, unos once millones de personas al año. Unos pocos microgramos de lipopolisacárido inyectados en un voluntario producen fiebre, escalofríos y una caída de la presión arterial en menos de dos horas; un ratón sin TLR4 se sacude una dosis cien veces letal. La enfermedad es la respuesta del hospedador, y los antibióticos que matan a las bacterias pueden empeorarla durante unas horas al liberar más endotoxina.