Las células innatas reconocen patrones moleculares asociados a patógenos (PAMP): moléculas comunes a clases enteras de microbios, esenciales para ellos y ausentes del hospedador — el lipopolisacárido de las paredes gramnegativas, el peptidoglicano y el ácido lipoteicoico de las grampositivas, la flagelina, los -glucanos de los hongos, el ARN de doble hebra, el ARN sin caperuza 5, el ADN con CpG sin metilar, el ADN en el citosol. Los receptores son receptores de reconocimiento de patrones (PRR), unas pocas decenas en total, codificados cada uno por un gen: los receptores de tipo Toll (TLR) de la superficie y de los endosomas (TLR4 para el lipopolisacárido, TLR5 para la flagelina, TLR3 para el ARN de doble hebra, TLR9 para el ADN con CpG); las proteínas NOD citosólicas para los fragmentos de peptidoglicano, RIG-I para el ARN vírico, cGAS–STING para el ADN citosólico; las lectinas de tipo C para los azúcares fúngicos. Esos mismos receptores, u otros de las mismas familias, reconocen los patrones moleculares asociados a daño (DAMP) que liberan las células lesionadas — ATP, ácido úrico, la proteína nuclear HMGB1, ADN mitocondrial —, de modo que una lesión estéril también inflama. La unión activa el factor de transcripción NF-B y los factores reguladores del interferón, que en menos de una hora encienden citocinas, quimiocinas, moléculas de adhesión y genes antimicrobianos; y un subconjunto de los sensores citosólicos ensambla el inflamasoma, una plataforma que activa la caspasa-1 para cortar la interleucina-1 y darle su forma activa y para desencadenar la muerte inflamatoria llamada piroptosis (Capítulo 10).
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