El agua, , es una molécula angular (el ángulo H–O–H es de ) en la que el oxígeno atrae hacia sí los electrones compartidos: es polar, con una carga parcial negativa sobre el oxígeno y cargas parciales positivas sobre los hidrógenos. Cada molécula puede formar hasta cuatro enlaces de hidrógeno — una atracción electrostática entre un hidrógeno unido a un átomo electronegativo (O, N) y un par no compartido de otro átomo electronegativo —, dos por sus hidrógenos y dos por su oxígeno. El agua líquida es una red de esos enlaces, cada uno de los cuales dura unos picosegundos.
Ejemplos
Ejemplo 8.3 (El efecto hidrófobo en acción)
Agítese aceite en agua y en unos minutos las gotitas se habrán fundido: el agua expulsa aquello con lo que no puede enlazarse. El mismo efecto pliega una proteína (sus residuos aceitosos se esconden dentro, Capítulo 12), ensambla una membrana (las colas de los lípidos se reúnen lejos del agua, Capítulo 9) y junta dos superficies moleculares complementarias. Nada atrae el aceite hacia el aceite: es el agua la que empuja.
Ejemplo 8.6 (Fundir una doble hélice)
Las dos hebras del ADN se mantienen unidas por dos o tres enlaces de hidrógeno por par de bases más el apilamiento (van der Waals) de los pares vecinos; un par aislado se separaría al instante, pero mil pares seguidos aguantan hasta que la temperatura alcanza unos , y se reúnen, exactamente en el mismo registro, cuando se baja (Capítulo 11). Específico, fuerte por acumulación, reversible.