La respiración es el intercambio de gases por el que un ser vivo toma oxígeno de su entorno y suelta dióxido de carbono. No hay que confundirla con la ventilación — los movimientos visibles del pecho de la Definición 26.1: la ventilación es una manera de servir a la respiración; la respiración misma es el intercambio de gases, y ocurre en todas las células vivas, haya movimientos o no.
Ejemplos
Ejemplo 46.3 (La galería de los que respiran)
Pásale las dos pruebas a una colección: un ratón — caída rápida, enturbiamiento veloz; una cochinilla — lo mismo, más pequeño; un guisante que germina — inconfundible (un tarro de guisantes brotando puede agotar su oxígeno en un día); una seta — sí; caracoles de charca — sí; una cucharada de suelo vivo — sí, con sus miles de millones de descomponedores respirando a la vez (Ejemplo 42.2). Solo el tarro testigo — guijarros, arena seca — no cambia nada.
Ejemplo 46.6 (La comparación con el fuego, usada con honradez)
La llama de una vela también consume oxígeno y suelta dióxido de carbono — arder y respirar son de verdad la misma clase de química. Las diferencias importan igual: la quema de la célula es lenta, sin llama, repartida en miles de pasos diminutos, y su energía se captura para trabajar en vez de perderse en luz y chamusquina. La respiración es combustión domesticada — fuego con correa, en todas tus células.
Ejemplo 46.7 (Leer la demanda)
Como la quema paga el trabajo, la demanda sigue al esfuerzo: el niño que esprinta del Ejemplo 26.6 respira mucho más deprisa que quien lee en el sillón; el guisante que germina — construyendo una planta a toda velocidad (Definición 9.4) — respira mucho más deprisa que la semilla seca que espera a su lado, cuya respiración está al ralentí durante años. La respiración es el ruido del motor de la vida: fuerte en el esfuerzo y en el crecimiento, un susurro en el letargo y silencio solo en la muerte.