Unos receptores de estiramiento de las paredes de los senos carotídeos (en la bifurcación de cada arteria carótida, bajo la mandíbula) y del cayado aórtico — los barorreceptores — descargan con una frecuencia que aumenta con la presión que los distiende, y más deprisa si la presión sube. Sus nervios llegan a los centros cardiovasculares del bulbo raquídeo, que controlan las dos ramas de la eferencia autónoma: el vago, cuya acetilcolina ralentiza el nódulo sinoauricular, y los nervios simpáticos, cuya noradrenalina acelera el nódulo, refuerza el ventrículo, contrae las arteriolas (lo que eleva ) y contrae las venas (lo que empuja la sangre almacenada hacia el corazón y aumenta el llenado). Una subida de la presión aumenta la descarga de los barorreceptores, lo que excita el vago e inhibe la eferencia simpática: la frecuencia cae, las arteriolas se relajan y la presión baja. Una bajada produce lo contrario. El bucle es una retroalimentación negativa con un valor de consigna cercano a , un retraso de alrededor de un segundo y una ganancia tal que una perturbación queda corregida hasta la quinta parte de su tamaño: es la razón de que uno no se desmaye al ponerse de pie.
Ejemplos
Ejemplo 18.6 (Una hemorragia)
Un donante da , una décima parte de la sangre. En segundos, el barorreflejo contrae las arteriolas y las venas y acelera el corazón: la presión apenas se mueve, la piel se vuelve pálida y fría (sus arteriolas se han cerrado) y el pulso es más rápido. En minutos, la menor presión capilar permite que el líquido intersticial pase a los vasos (el equilibrio de Starling del Capítulo 16), lo que restablece la mitad del volumen hacia la hora siguiente; la renina, la angiotensina y la hormona antidiurética reducen la orina a un hilo, y aparece la sed; a lo largo de días el riñón retiene sal y agua y el volumen plasmático se recupera, y a lo largo de semanas la médula ósea repone los glóbulos rojos. Una pérdida de supera todo esto: el reflejo se satura, la presión se desploma, los tejidos mal irrigados liberan lactato y los capilares pierden líquido — el shock, del que solo la transfusión saca al paciente.
Ejemplo 18.9 (Ponerse de pie, desmayarse, y el astronauta)
Al ponerse de pie, de sangre pasan a las venas de las piernas, el retorno venoso y el volumen sistólico caen un tercio, y la presión en el seno carotídeo baja — el barorreflejo responde en un latido con un corazón más rápido y unos vasos más contraídos, y la presión en la cabeza se recupera en diez segundos. Un soldado inmóvil en un patio de armas caluroso pierde la bomba muscular, acumula sangre en las venas dilatadas de la piel y se desmaya: tumbarlo lo cura de inmediato. Un astronauta tras meses sin gravedad ha perdido un litro de volumen sanguíneo (el riñón excretó lo que interpretó como un exceso cuando la sangre se acumuló en el tórax), y al aterrizar el reflejo, desentrenado, no consigue mantenerlo erguido. Y la jirafa, cuya cabeza está dos metros por encima del corazón, funciona con una presión media de y lleva medias de compresión hechas de piel — la hidrostática del Capítulo 16 fija las exigencias, y los reflejos de este capítulo las satisfacen.