Un linfocito T virgen se activa cuando su receptor une péptido–MHC en una célula dendrítica que además aporta coestimulación (Capítulo 15); entonces se divide cada seis u ocho horas durante una semana y se diferencia. Los linfocitos T CD4 colaboradores se diferencian, según las citocinas de la célula dendrítica, en subconjuntos: Th1, que activan a los macrófagos para que maten lo que han comido (la tuberculosis); Th2, que impulsan la IgE y los eosinófilos contra los gusanos; Th17, que reclutan neutrófilos contra bacterias y hongos extracelulares; los colaboradores foliculares, que ayudan a los linfocitos B; y los linfocitos T reguladores, que suprimen. Los linfocitos T CD8 citotóxicos matan a las células que exponen su péptido en la clase I, con perforina y granzimas y con el ligando de Fas, y desencadenan la apoptosis (Capítulo 10) — la defensa contra los virus y los tumores. Un linfocito B se activa por la unión del antígeno a su receptor más la ayuda de un linfocito T colaborador folicular que reconozca péptidos de ese mismo antígeno en la clase II del linfocito B; se convierte entonces en una célula plasmática que secreta miles de anticuerpos por segundo, durante días (las de vida corta, en el ganglio) o durante años (las de vida larga, en la médula), o entra en un centro germinal. Los linfocitos B y T de memoria — longevos, más numerosos que los precursores vírgenes y más rápidos en responder — son el residuo de toda respuesta y la base de la vacunación.
Ejemplos
Ejemplo 16.7 (Cinética de una respuesta)
Alrededor de un linfocito B de cada une un epítopo dado, de modo que los linfocitos B de un cuerpo contienen unos precursores, de los que quizá un centenar se encuentre con el antígeno en el ganglio que drena la zona. Dividiéndose cada ocho horas, cien células se convierten en en una semana. El anticuerpo aparece en el suero al cabo de cuatro a seis días, primero la IgM, alcanza su máximo hacia las dos semanas y decae con una semivida de tres semanas para la IgG a medida que mueren las células plasmáticas de vida corta, hasta asentarse en el nivel que mantienen durante años las células plasmáticas longevas de la médula. Una segunda exposición parte de – células de memoria de alta afinidad ya cambiadas a IgG: el anticuerpo sube en dos días, de diez a cien veces más alto, y neutraliza al patógeno antes de que pueda asentarse — que es lo que compra una vacuna.