El receptor del linfocito T es una molécula de dos cadenas construida por la misma recombinación, que nunca se secreta y que no une antígeno libre en disolución: reconoce un péptido corto alojado en el surco de una molécula del complejo principal de histocompatibilidad (MHC) de la superficie de otra célula. El MHC de clase I, presente en toda célula nucleada, expone péptidos de ocho a diez residuos que el proteasoma ha cortado de las proteínas citosólicas de la propia célula — una muestra de lo que la célula está fabricando, virus incluido — a los linfocitos T CD8, que matan a la célula si el péptido es ajeno. El MHC de clase II, presente en células dendríticas, macrófagos y linfocitos B, expone péptidos de trece a veinticinco residuos de proteínas que la célula ha captado y digerido en endosomas, a los linfocitos T CD4, que responden ayudando. Un linfocito T está restringido: reconoce su péptido solo sobre el alelo del MHC con el que fue seleccionado. Los genes del MHC (el HLA en el ser humano) son los más polimórficos del genoma, con miles de alelos que difieren cada uno en el surco, de modo que cada persona expone una muestra distinta de los péptidos de cada proteína y ningún patógeno puede escapar a la presentación en todo el mundo — y de modo que un órgano trasplantado de un donante no compatible lo reconoce como ajeno una gran parte de los linfocitos T del receptor.
Ejemplos
Ejemplo 16.9 (Hipersensibilidad, deficiencia, trasplante)
La alergia es una respuesta Th2 a un antígeno inocuo — polen, cacahuete, penicilina — que produce IgE; al reexponerse, el antígeno entrecruza la IgE de los mastocitos, que liberan histamina en cuestión de minutos, y si el antígeno está en la sangre la liberación sistémica es la anafilaxia, que se trata con adrenalina. La inmunodeficiencia: los niños que carecen de RAG o de la enzima ADA no fabrican linfocitos (la inmunodeficiencia combinada grave) y mueren de infección si no reciben médula o terapia génica; el VIH destruye los linfocitos T CD4 y con ellos la ayuda que toda respuesta necesita. El trasplante: los linfocitos T del receptor ven como ajenas las moléculas HLA del donante, y hasta una décima parte de todos los linfocitos T responden — mucho más que a cualquier patógeno —, de modo que los injertos se emparejan en los loci HLA y el receptor queda inmunodeprimido de por vida; un injerto de médula puede, al revés, atacar a su nuevo hospedador. Y los usos deliberados: los anticuerpos monoclonales del Capítulo 6, los inhibidores de puntos de control que sueltan a los linfocitos T contra los tumores (Capítulo 11) y los linfocitos T dotados por ingeniería de un receptor quimérico para un antígeno tumoral (las CAR-T), que han curado leucemias que ninguna otra cosa tocaba.