Una enzima es una proteína que cataliza una reacción química: hace que la reacción transcurra millones de veces más deprisa sin consumirse. La molécula que transforma es su sustrato; la reacción ocurre en un hueco de la enzima, el centro activo, cuya forma y cuya química encajan con ese sustrato y con ningún otro. Esa especificidad se sigue del plegamiento tridimensional de la enzima y, por tanto, de su secuencia de aminoácidos y de su gen.
Ejemplos
Ejemplo 15.5 (La lactasa)
El azúcar de la leche, la lactosa, lo parte en dos azúcares sencillos la enzima lactasa del revestimiento del intestino delgado; sin esa partición pasa sin digerir al colon, donde las bacterias la fermentan, con gases, retortijones y diarrea como resultado. Todos los lactantes fabrican lactasa; en la mayor parte de la humanidad su gen se apaga tras el destete, y los adultos son intolerantes a la lactosa. En las poblaciones con una larga historia ganadera es frecuente un alelo que mantiene el gen activo de por vida — el 90% en el norte de Europa, el 10% en el este de Asia. Las gotas de lactasa que se venden a los intolerantes contienen esa misma enzima, fabricada por hongos.
Ejemplo 15.8 (La fenilcetonuria, o cómo una dieta cambia un fenotipo)
Aproximadamente un recién nacido de cada diez mil lleva dos alelos no funcionales del gen de la enzima 1. La fenilalanina del alimento no se convierte; su concentración en la sangre se multiplica por veinte y envenena el cerebro en desarrollo. Sin tratar, el niño sufre una discapacidad intelectual grave. Detectada al nacer con una gota de sangre sobre una cartulina — se analiza a todos los recién nacidos — y alimentado con una dieta casi libre de fenilalanina, ese mismo niño se desarrolla con normalidad. El genotipo no ha cambiado; el fenotipo, en todas las escalas por encima de la molecular, es el de una persona sana. El ambiente, aquí la dieta, ha decidido.